06.16
Como ya he hecho en otra ocasiones, hoy os dejo por aquí, otra de las grandes mujeres que han existido… o no.
De como una mujer, con su simple desnudez, es capaz de ganarse el respeto, el amor y la simpatía de todo un pueblo.
Godgifu o Godgyfu (principios del siglo XI), es el nombre anglosajón de Lady Godiva, cuyo significado es regalo de dios. Esposa del Conde de Chester y Mercia, y señor de Coventry, Leofric.
Durante el reinado de Eduardo el Confesor, Inglaterra estaba sumida en una crisis económica de grandes proporciones. El pueblo de Coventry, era totalmente ignorado por su señor Leofric, éstos le habían dicho que intercediera con el rey por la subida de los impuestos, el Conde de Mercia por el contrario, decidió subirlos aún más. Era un hombre avaricioso, pero cabe destacar que junto a su esposa construyeron el espléndido monasterio de Coventry (que ahora es una preciosa Catedral).
Un día, después de una copiosa cena, el marido le hizo una propuesta a Godiva: “Si tú te paseas desnuda por todo el pueblo, yo bajaré los impuestos”. Tenéis que tener en cuenta que estamos en el siglo XI, ninguna mujer aceptaría algo así, sería desterrada y repudiada, considerada prostituta o demente. Pues imagino que os podréis imaginar la cara de Leofric, cuando ella aceptó sin pensárselo.
Se hizo correr la voz de lo que iba a acontecer en el pueblo, y los aldeanos acordaron que se encerrarían en sus casas, con las ventanas bajadas para no ver a su señora desnuda y no perturbarla en lo que para ella, iba a ser el momento más duro de su vida.
Y así lo hicieron y Leofric no tubo más remedio que bajar sus impuestos y dar mejor vida al pueblo. gracias a lady Godiva el pueblo fue próspero, y Leofric, con el ejemplo de su mujer se convirtió en un gran administrador del pueblo de Coventry.
Queréis una anécdota? Siempre hay una ya lo sabéis
Hubo una persona que sí miró a Lady Godiva, y como no podía ser menos, fue un hombre; un sastre del pueblo. La tradición inglesa le llama Peeping Tom, vendría a ser algo así como el que hecha una ojeada. De ahí ha venido el término mirón en nuestra lengua o voyeur en francés.
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